Ya no me siento tan sola.
En un principio, supuse que sería porque me había acabado acostumbrando a sentirme sola; pero luego comprendí que era porque algo siempre me seguía. Cada paso que daba, él daba otro, a metros de mí, pero siempre en mi misma dirección.
No lo terminaba de entender del todo. No me era coherente creer que alguien o algo siempre me acompañaba cuando realmente nunca veía a nadie a mi lado.
Al cabo del tiempo puede percatarme de que mi seguidor cobraba forma ante mis ojos. Tal y como me lo imaginaba, estaba a mis espaldas dispuesto a ser la mano que necesitaba agarrar.
Aunque fuera raro, nunca le temí. ¿Por qué iba a hacerlo?, -me decía yo-, no parece que quiera hacerme daño. De hecho, es el único que me proporciona una curiosa tranquilidad y felicidad efímera. Por eso, ¿por qué huir de él?
Finalmente, me acostumbré a su presencia. Él siempre estaba conmigo, estuviera sola o acompañada por compañeros o familia. Sabía que, si no estaba, daba igual que yo estuviese rodeada de gente, la soledad se apoderaría de mí como siempre había hecho.
Y , por ese motivo, permanezco durante un largo tiempo escoltada por uno de mis demonios.
En un principio, supuse que sería porque me había acabado acostumbrando a sentirme sola; pero luego comprendí que era porque algo siempre me seguía. Cada paso que daba, él daba otro, a metros de mí, pero siempre en mi misma dirección.
No lo terminaba de entender del todo. No me era coherente creer que alguien o algo siempre me acompañaba cuando realmente nunca veía a nadie a mi lado.
Al cabo del tiempo puede percatarme de que mi seguidor cobraba forma ante mis ojos. Tal y como me lo imaginaba, estaba a mis espaldas dispuesto a ser la mano que necesitaba agarrar.
Aunque fuera raro, nunca le temí. ¿Por qué iba a hacerlo?, -me decía yo-, no parece que quiera hacerme daño. De hecho, es el único que me proporciona una curiosa tranquilidad y felicidad efímera. Por eso, ¿por qué huir de él?
Finalmente, me acostumbré a su presencia. Él siempre estaba conmigo, estuviera sola o acompañada por compañeros o familia. Sabía que, si no estaba, daba igual que yo estuviese rodeada de gente, la soledad se apoderaría de mí como siempre había hecho.
Y , por ese motivo, permanezco durante un largo tiempo escoltada por uno de mis demonios.

No hay comentarios:
Publicar un comentario