jueves, 10 de octubre de 2013

En la palma de mis manos escondo de tu mirada la ilusión que bajo mi corazón ha pervivido durante estos años en que te encontrabas ausente, perdido del frente, fuera de rumbo. Es un recuerdo de aquellos tiempos malos y solitarios, donde la esperanza descansaba en los cielos resguardada permanentemente de la lluvia y el sol humanos. En esos tiempos yo saltaba y saltaba para conseguir ascender al reino celestial, pero todo esfuerzo siempre fue en vano. Esa ilusión es la que todavía guardo con cariño; la ilusión de una niña por hallar una felicidad que no creía que encontraría en el mundo terrenal, sino que se trataba de algo divino que solo el hogar de las nubes nos podía otorgar.

Pero lo que nunca supe es que las divinidades como tú pudiesen bajar.

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