Ando por un valle recolectando flores que contienen ilusiones. Las soplo, dejando que vuelen libres y traten de hallar un sendero que no me atrevo yo misma a comenzar. Pienso que a lo mejor, algún día quizá, traigan de vuelta consigo algún regalo para mi persona, alguna esperanza que me siga animando a coger más hermosos dientes de león de aquel valle. Pero mientras estas siguen su viaje, yo me recuesto sobre la hierba, cierro mis ojos cansados de ver una realidad sin belleza, e imagino por donde pasa cada ilusión que he dejado escapar por el cielo: montañas altas que rozan las nubes, bosques inmensos que esconden seres invisibles, ríos caudalosos más rápidos que cualquier liebre, mares más en calma que cualquier alma que descansa en paz.
Me reconforta que al menos ellas hayan presenciado más encanto en este mundo cruel que yo.
Me reconforta que al menos ellas hayan presenciado más encanto en este mundo cruel que yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario