Aprendí de ella las cosas más necesarias. -divagaba en ese momento mientras observaba la danza lejana de unas alas que querían unirse a la brisa que arrastraba las sombras. -Ahora parece que los edificios brillan más bajo el sol sofocante, que el cielo está más despejado de nubes que nunca y que la gente sonríe hoy a todo aquel con quién se cruza. Me enseñó la mirada especial que acompaña a cada situación, aquella que no decae y da una perspectiva más optimista. Vivir circunstancias a su lado, mucho antes repetidas conmigo misma, me hizo entender que no todo es tan malo, ni el destino que nos marcamos tan injusto. No soy una humana encaprichada con ser dios y tomar el rumbo de mi raza, yo tan solo quiero encontrar ese sitio que me corresponde; aun así siempre me gustaba ir demasiado lejos. Los pies sobre la tierra, eso es; debo apreciar la realidad que me ha tocado y dejar de huir hacia otra que tan solo es efecto de la soledad que contraigo. ¿Qué más puedo pedir que la cotidianidad que vivo? Ahora soy capaz de ver su color. Y todo se lo debo a ella.
lunes, 3 de agosto de 2015
Puedo sentir la luz del sol. Una colisión contra la piel que trastoca mis sensaciones. Por primera vez soy capaz de ver más allá de donde estoy; por primera vez soy capaz de mirar al cielo. Azul y despejado. Me está reflejando. El aire arrastra los recuerdos que quiero olvidar, se lleva mi mal yo. Es momento de zarpar de este puerto en el que reposé y proseguir mi camino por los mares de la vida. Marchar allá donde me guíe el sol del nuevo día.
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