Cuando me vi sumida en la pesadumbre de no saber de mí ni de mi pasado, la principal meta que me impuse fue llegar hasta esa parte escondida en mi memoria y rozarla con los dedos, palparla aunque fuese para volver a poder sentir que era alguien y no una ilusión. Pero mis objetivos cambiaron... Todo fue tan precipitado... Aquella vida que comencé a partir del primer recuerdo que conservaba me enseñó que no debía limitarme a mirar atrás, porque de todas formas, probablemente, no podría volverlo a retomar; que solo interesaba lo que estaba pasando en ese presente que me concernía a mí y a todos los que conmigo se hallaban. Me dolió en el alma resignarme a perder aquella identidad sin nombre, pero más me dolía que mis nuevos conocidos, amigos, hermanos, sufrieran por perder lo que yo también había perdido; fue como un puñal que se clava y desgarra todo lo de dentro, dejando que sangre sin parar, dejando que el sufrimiento nos ahogue y no nos permita hablar, respirar. Quise tenderles esa mano que ellos me tendieron a mí cuando tan sola me sentía, quise ser ese hombro de madre que ahora les faltaba, esos consejos de un padre que fue perdido. A partir de ese instante, cuando dentro de sus corazones brotó un dolor incalculable, fue cuando juré por todo lo que fui y por lo que sería, por mi vida y por mi honor, que sería su justicia.
Es por eso que no quiero que me pidas que renuncie a ello ahora que parte de mis recuerdos han vuelto conmigo, ahora que vosotros estáis conmigo. Les debo mi vida a ellos, y lo menos que puedo hacer es devolverles las suyas como ellos se merecen...
Y no hubo nada más que decir, solo lágrimas que contener.
No hay comentarios:
Publicar un comentario