lunes, 3 de agosto de 2015

Aprendí de ella las cosas más necesarias.  -divagaba en ese momento mientras observaba la danza lejana de unas alas que querían unirse a la brisa que arrastraba las sombras. -Ahora parece que los edificios brillan más bajo el sol sofocante, que el cielo está más despejado de nubes que nunca y que la gente sonríe hoy a todo aquel con quién se cruza. Me enseñó la mirada especial que acompaña a cada situación, aquella que no decae y da una perspectiva más optimista. Vivir circunstancias a su lado, mucho antes repetidas conmigo misma, me hizo entender que no todo es tan malo, ni el destino que nos marcamos tan injusto. No soy una humana encaprichada con ser dios y tomar el rumbo de mi raza, yo tan solo quiero encontrar ese sitio que me corresponde; aun así siempre me gustaba ir demasiado lejos. Los pies sobre la tierra, eso es; debo apreciar la realidad que me ha tocado y dejar de huir hacia otra que tan solo es efecto de la soledad que contraigo. ¿Qué más puedo pedir que la cotidianidad que vivo? Ahora soy capaz de ver su color. Y todo se lo debo a ella. 


Puedo sentir la luz del sol. Una colisión contra la piel que trastoca mis sensaciones. Por primera vez soy capaz de ver más allá de donde estoy; por primera vez soy capaz de mirar al cielo. Azul y despejado. Me está reflejando. El aire arrastra los recuerdos que quiero olvidar, se lleva mi mal yo. Es momento de zarpar de este puerto en el que reposé y proseguir mi camino por los mares de la vida. Marchar allá donde me guíe el sol del nuevo día.

domingo, 12 de julio de 2015

Recuerdo con cariño la noche. La infancia que pasaba bajo la luz de una farola, tirado en un cuadrado de azulejos rojizos. Desde allí, tumbado sobre el frío, observaba las estrellas que la ciudad me dejaba contemplar. Eran pocas, pero hermosas. Al cabo de los años necesité gafas para poder verlas, las compré, de hecho, pensando en ese propósito. Aun así no salía, no pisaba los lugares de antaño, no tenía terrenos alejados. Me volví ajeno a ellas. No soy trasnochador, nunca lo he sido, aunque siempre me gustaba hacerles una visita. Quiero suponer que me echan de menos. Quiero suponer que, desde allí arriba, me amparan. Mientras duermo, sueño con ellas, con su brillante sonrisa, con su mirada iluminada. Solo espero que ellas también sueñen conmigo, con mi risa triste y mis ojos anochecidos.

domingo, 5 de abril de 2015

Recuerdos.

Se marcharon.

Suave fue el viento,
Ásperas las lágrimas
Por el allegado derramadas.

Triste fue el aliento,
Postrero el suspiro
Por mis labios fallecido.
Se colaba un adiós 
Entre nuestras miradas
De repleta compasión
Y esperé la no deseada llegada
De ese túnel resplandeciente
Asustada.
Se marcharon.
No alcanzaron los ojos, 
Las manos, su melancólico
Rumor de gente desaparecida,
El sabor a alegría.
Se marcharon.
Permanezco deshecha en trozos,
En intentos de alcohólico,
Tan marchito y sin vida,
Una vida sin días.
Ya, queridos,
Os dejé volar.
Los momentos se marcharon
Y nunca volverán.

martes, 31 de marzo de 2015

Echo de menos.

De los parques el verdor
Donde nadan los patos,
De un azul soleado
El vestido del cielo,
La mezcla de un aroma
Entre incienso y azahar,
Momentos que agradan
Y me hacen recordar.
En acostumbrado lugar
Asiendo un refresco
Y una cerveza de tiempo
Para la calor ahuyentar,
Almorzar bajo las hojas,
Las ramas que del árbol
De ilustres paamyanos
Son cobijo para las horas.
Oh, vida injusta,
Permitidme el volver al pasado
Reciente, no me arrastréis a la soledad
De nuevo, querida; esta es la verdad
Vivida que no mantengo en vano.

domingo, 29 de marzo de 2015

El patio solitario.

Posada compañía perruna en mis piernas
Y con ordenador a mano de dedos,
Comienzo no andanza porque nunca llego,
Sino danza humilde con las letras,
Mátome en idear enrevesadas
Unas palabras que mi ánimo aplaquen
Y que no con perjuicios falten
El respeto de las cortejadas damas.
Quedo en imaginario banquito
Esperando el tendido brazo
Que venga a darme auxilio.
¡Despierta, recobra el sentido!,
No hay inspiración que acaso
Quiera partir conmigo.

viernes, 27 de marzo de 2015

La partida.

Las piezas comienza a partir.
El pequeño peón transita entre las casillas comprobando cuál será el mejor lugar donde poder permanecer en los pequeños descansos de su largo camino. ¿Negro o blanco?, ¿noche o día?, ¿mal o bien?

Danza entre sus compañeros peones, no se atreve a mirar a los superiores de aquella tripulación. Estos, cercanos, saludan enmascarados con sonrisas pícaras y miradas de compasión, todo repleto de galantería y educación. Él no es capaz de ver más allá.

Continúa y las piezas contrarias le cierran el paso. Todos los tamaños las componen: grandes y pequeñas, con forma de caballo o de una alta torre; incluso algunos le recordaban a sus camaradas.

Atajo tras atajo consigue deshacerse de los obstáculos hasta que llega a la meta. ¿Qué habrá sido de aquellos que no le alcanzaron?, ¿los enemigos les engullirían?, ¿se arriesgarían demasiado?, ¿puede que lo intentaran demasiado poco?, ¿o se olvidarían de su cometido en aquella partida, sin querer avanzar?

No importa. 
El final de la partida es terminar encerrados en la oscuridad y perdiendo todo lo obtenido, agolpados todos en una celda de plástico en la que, por mucho que se grite, nadie acudirá. The end para todos, cumplieran su misión, sueño, o no; los jugadores ya no quieren continuar, quién sabe si los volverán a ver.


Esto es un juego.

Las aguas.

Suave tacto mis manos aprecian al rozar
La infinidad de curvas creadas al azar
En el insondable caminar de mis brazos,
Mis piernas y mi cuerpo por los retazos
De tu piel cerúlea.
Inspiras de tu abrazo frío la tranquilidad
Que reconforta este corazón sin maldad.
Vivir quiero en tu remanso de paz
Cayendo en lágrimas sin ser capaz
De escapar.
Así
Dormiré mientras surco,
Soñaré mientras zurzo,
Con los dedos tu calma,
Con los dedos mi alma.

jueves, 26 de marzo de 2015

Alas violetas.

Hubo enmarcado en el cielo un volar intenso,
Recuerdo de la estela que quedó dentro.
Sobrevolaba cabezas llamando al portero,
Entrada esperando para unirse al elenco
Que es este el de mi no dolor etéreo.
¿Por qué vuelves desde tan lejos
a presenciar de lo que huiste hace tiempo?
Llevar déjate una vez más por el viento;
Aquí yace alguien ya sin remedio
Cuyo síntoma no reza en prospectos.
Levanta, oh mariposa, el vuelo;
No volveré la vista a levantar del suelo
Hasta saber que no merezco
Un minuto más de silencio.