Suenan los violines. Quiero poner tu nombre a esta vieja melodía que suena en mi corazón.
¿Recuerdas antaño las miradas, los abrazos, los besos? Amor, ya no nos quedó nada; ya no me quedó nada. Nada de ti. Te llevaste los bellos recuerdos contigo.
Bella dama, aún sigo buscándote en sueños. Apenas recuerdo tu rostro, aunque la hermosura consigo verla con nitidez. El tacto de tus manos se disipa mientras la niebla continúa cerrándome el paso hasta tu imagen de hada dulce. De hada de cuento. De un cuento de hadas. Porque eso pareció ser todo para mí, un cuento de hadas que no me atrevo a contar, del cuál tú, además, robaste todas las páginas. Y es que me quitaste nuestra primera mirada, nuestro primer paseo, nuestra primera charla, nuestra primera sonrisa; hasta nuestras discusiones enamoradizas.
Ahora solo conservo este canto ahogado en lágrimas que te dedico. Y tú no lo escuchas. No puedes, porque ya no estás aquí, conmigo, susurrándome al oído aquel amor divino que me profesabas. Y yo te busco como perro perdido sin dueño, vagando en las calles de la soledad sin nada de cariño que rociar en mis labios. Rescata a este prisionero de la pena que dejó el abandono de tu cuerpo, de tu alma, de todo tú. Rescátalo y volvamos juntos a buscar aquellas estrellas que mirábamos en nuestro prado personal. ¡Y es que estoy enamorado de un cuento de hadas! Un cuento de hadas que nunca pude acabar. Que me niego a acabar.
Suenan los violines. Quiero empezar una nueva melodía contigo y que suene siempre en mi corazón.
Y en el tuyo.
¿Recuerdas antaño las miradas, los abrazos, los besos? Amor, ya no nos quedó nada; ya no me quedó nada. Nada de ti. Te llevaste los bellos recuerdos contigo.
Bella dama, aún sigo buscándote en sueños. Apenas recuerdo tu rostro, aunque la hermosura consigo verla con nitidez. El tacto de tus manos se disipa mientras la niebla continúa cerrándome el paso hasta tu imagen de hada dulce. De hada de cuento. De un cuento de hadas. Porque eso pareció ser todo para mí, un cuento de hadas que no me atrevo a contar, del cuál tú, además, robaste todas las páginas. Y es que me quitaste nuestra primera mirada, nuestro primer paseo, nuestra primera charla, nuestra primera sonrisa; hasta nuestras discusiones enamoradizas.
Ahora solo conservo este canto ahogado en lágrimas que te dedico. Y tú no lo escuchas. No puedes, porque ya no estás aquí, conmigo, susurrándome al oído aquel amor divino que me profesabas. Y yo te busco como perro perdido sin dueño, vagando en las calles de la soledad sin nada de cariño que rociar en mis labios. Rescata a este prisionero de la pena que dejó el abandono de tu cuerpo, de tu alma, de todo tú. Rescátalo y volvamos juntos a buscar aquellas estrellas que mirábamos en nuestro prado personal. ¡Y es que estoy enamorado de un cuento de hadas! Un cuento de hadas que nunca pude acabar. Que me niego a acabar.
Suenan los violines. Quiero empezar una nueva melodía contigo y que suene siempre en mi corazón.
Y en el tuyo.

