Esta flor nevada, nacida de la luz de mis manos, de mi trato y mi cuidado, te ofrezco. Con los dedos la extiendo hacia ti, no me importa el dolor de las heridas, la sangre que por ella derramo. Te regalo la única que pude salvar de las tinieblas, las demás son ya irremediablemente azabaches.
Junto con ella te entrego lo puro de este verdadero amor, bello y dañino, más hermoso que doloroso. Quiero que lo tomes sin reparos; no habrá para ti perjurios o engaños, solo la bendición del buen trato. Protégelo tú por mí, tú te interesarás más que yo por su bienestar, tú evitaras la caída de su cabello cano.

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