martes, 14 de enero de 2014

Relato A.C.

Eres tú la fuente de mi inspiración, mi creación perfecta, mi obra de arte. Tú recorriste cada palmo que yo dibujé con mi mente, tú luchaste con cada persona que ante tu silueta estampé. Tú, valiente y elegante, sabia y mesurada. Tú eres lo que yo fui; en ti plasmé los rasgos que con cariño conservo, lo que guardo dentro de mí bajo llave porque temo que algún día me abandonen: mis ilusiones, mis sueños, mi esperanza en un mundo bueno. ¿Por qué la suerte nos marcó con un nefasto infortunio a ambas? Tú sigues, aun así, manteniéndote intacta cual montaña majestuosa; yo, en cambio, sucumbo ante la pena y la tristeza mientras mi cuerpo perece de dolor cual hielo que se derrite poco a poco. Yo, querida compañera indirecta, espero ser lo que tú eres. Quiero que impregnes este alma cobarde con tu valor y tu sacrificio; quiero poder levantarme de este suelo frío y que el viento azote mis cabellos al igual que los tuyos. Dame tu mano, ayúdame a ser como ese deseo que mi imaginación ha incubado durante tanto tiempo de diversas formas, ahora que eres tan verdadera; ayúdame a ser como tú. Estas lágrimas son la moneda de cambio por esa compasión que te caracteriza. ¿Acaso no harías aunque fuera eso por la que fue la autora de tus solemnes palabras? Te ofreceré cuantas súplicas hagan falta: haz que mi vida empiece a tomar un cauce distinto y con más sentido. Me niego a seguir siendo la carga que muchos seres queridos llevan años transportando sobre sus doloridos hombros; me niego a continuar encerrada en esta jaula que yo misma he construido con mis propios sueños. Este corazón se ha cansado de que las espinas sean clavadas tan grácilmente en él, ahora quiere que ello les conlleve más de un esfuerzo a sus opresores. Concede como el genio cuya lámpara fue frotada esta petición a la humilde servidora que frente a ti se postra hoy. Y por favor, que este lamento no haga que te avergüences de mí, solo quiero que te sientas orgullosa; orgullosa de que por fin esta frágil humana de cristal quiera elevar el rostro hacia los temores e injusticias de este mundo. Siéntete orgullosa de esta que en este instante quiere luchar como tú por una justicia que se ha esfumado llorando por la impotencia, por la alegría que antes era reina de las sonrisas de los hijos, los padres y los abuelos. Busco desesperadamente un motivo, una razón, para la vida que siempre he deseado hallar. No es que repentinamente anhele ser temeraria; es solo que este jaramago que era obligado a nacer entre muerte en este momento pretende rebelarse y criarse en un prado verde y puro. Me arrodillo al igual que tú tantas veces lo has hecho: bendice, tú que eres más parte de la realidad que yo, mi real ficción; los propósitos de este ilusorio humano. Te lo ruego a ti a quien he exigido tanto, a ti te ruego que me permitas cumplir mi cometido para luego poder unirme a las estrellas muertas que aún resguardan su fulgor.

Lo prometo; este será el último favor que te pida.

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