Mis dedos dibujan solos el contorno de un sueño, un sueño que pretende no ser caduco, pero que aun así es agarrado por las cadenas del deber y arrastrado lejos de mí. No las puedo romper, la fuerza en mí nunca buscó hogar, se fue con los prepotentes. No hay más opción que verte marchar contra tu voluntad, mientras ambos estiramos los brazos; nuestras manos nunca rozamos, nuestro aliento no halla un cuello donde perecer a gusto.No forzaré más al sino, dejaré que él solo se relaje, que él solo nos libere de sí mismo.
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