domingo, 16 de febrero de 2014

Me pides que te dé amor y yo solo puedo agachar la cabeza. Es un oficio que apenas sé desempeñar, pero me niego a decepcionarte; solo quiero deleitarte para que no desaparezcas ni una vez más. 

Y en las letras me apoyo, consuelo en ellas busco, ayuda les ruego para demostrarte que lo mío es sincero; pero siempre acabo resignada: ellas no me quieren como yo las quiero a ellas. No me encuentran una persona digna, apenas puedo rozar su majestuosidad. 

Así terminan por clavarse mis rodillas como aguijones en el suelo, incapaces de levantarse. Solo puedo mirar al cielo, seguir soñando que algún día alguien mejor que yo pueda dedicarte dulces palabras de amor, palabras que puedan regocijarte el corazón y que consigan que tu alma encuentre una dueña.
Una dueña que no podré ser yo.


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