sábado, 9 de noviembre de 2013

Sueño real e inimaginable.

Te vislumbro, cada vez estás más cerca y yo cada vez quiero acercarme más.

Tus ojos brillan con una luz especial, me iluminan más que este sol que nos calienta. Sabes que siempre preferí los verdes, pero nunca he visto unos chocolates más hermosos que los tuyos.
A mi lado, tomas mis manos mientras me miras con esa sonrisa que llama insistentemente a la mía; tranquilo, no pretende ocultarse; quieren fusionarse, ¿por qué no las dejamos?
Estos sentimientos infantiles no paran de ilusionarme, quieren que siga contigo por el resto de mi vida y que juguemos a ser niños de nuevo, corriendo para alcanzarnos, viendo quien salta más alto, pisando ambos solo la línea blanca del paso de cebra.
¿Te he dicho ya que eres el sueño más real e inimaginable que he tenido? Todavía continuo frotándome estos ojos avellana para asegurarme de que no te has ido.
Tu presencia me agita el pecho, mi corazón da saltos, mis manos tiemblan. Todo mi ser desea agarrarte, volverte prisionero de este amor que llena mi piel de escalofríos. ¿Dónde se escondía esa persona de la que ahora no me puedo descoser? Los hilos del destino han unido nuestros cuerpos, la eternidad nos confía un amor más allá de la muerte.
¡Dame mil besos!, o al menos otro más; es tu sabor el que siempre estoy dispuesta a catar.

Un día que se observaba lluvioso, se ha despejado y ha dejado lucirse al sol. El viento agradable me acompaña, acariciando mis mejillas, agitando mi rizado cabello. Cierro los párpados, quiero sentir todo lo que me rodea. Pero, repentinamente, los abro. Una sonrisa se asoma al exterior.
Te vislumbro, cada vez estás más cerca y yo cada vez quiero acercarme más.



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