sábado, 28 de septiembre de 2013

Tu vida escapaba entre mis manos como un suspiro. Y mis ganas de seguir se querían marchar contigo. Pero, enjugándome mis lágrimas, como tantas veces había hecho, me levanté, y miré a mis compañeros. Ellos estaban observándome, mostrándome en sus ojos su fuerza de voluntad y su confianza ciega en mí y yo no podía traicionarles. Prometí que les ayudaría y aunque no se lo prometí a todos, mi ser sentía que sí lo había hecho. Y lo cumpliría porque ”mi objetivo es luchar hasta que me sangre el corazón.”

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