Tu vida escapaba entre mis manos como un suspiro. Y mis
ganas de seguir se querían marchar contigo. Pero, enjugándome mis
lágrimas, como tantas veces había hecho, me levanté, y miré a mis
compañeros. Ellos estaban observándome, mostrándome en sus ojos su
fuerza de voluntad y su confianza ciega en mí y yo no podía traicionarles. Prometí que les ayudaría y aunque no se
lo prometí a todos, mi ser sentía que sí lo había hecho. Y lo cumpliría
porque ”mi objetivo es luchar hasta que me sangre el corazón.”
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