lunes, 3 de agosto de 2015

Puedo sentir la luz del sol. Una colisión contra la piel que trastoca mis sensaciones. Por primera vez soy capaz de ver más allá de donde estoy; por primera vez soy capaz de mirar al cielo. Azul y despejado. Me está reflejando. El aire arrastra los recuerdos que quiero olvidar, se lleva mi mal yo. Es momento de zarpar de este puerto en el que reposé y proseguir mi camino por los mares de la vida. Marchar allá donde me guíe el sol del nuevo día.

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